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Carta de renunciamiento

Carta

Mi amante amigo...

Amor prohíbido, único, espléndido y maravilloso, hoy no vengo a regalarte una de esas tantas poesías que tú me inspiraste, vengo a decirte, que no te olvidaré jamás, de eso puedes estar seguro, y guardaré siempre haca ti un profundo cariño aunque te digo adios.

Comprende que un día más tarde o más temprano, esta llama de amor iría disminuyendo, porque sí, porque así son lo amores grandes, los que nunca son posibles. Y llegaría quizás el hastío, por tu pasado o por el mío y probablemente tendría yo que asistir al espectáculo de tus remordimientos por dejar a los tuyos y verme implicada en todos ellos, por haber sido causante, por haber sido tu amante.

La sola idea de verte sufrir, no creas que tortura más, que yo irme y partir, mas me tienes que olvidar. ¿ Por qué me conocerías? ¿ Por qué estoy tan lejos? ¿ Por qué parezco la perfecta?, Yo no tengo la culpa de eso, no, no Dios mío, aquí no hay más culpables que la fatalidad.

Ay, si yo hubiera sido una de esas cabecitas locas que tanto abundan, ¡ que fácil hubiera sido para mí embarcarme de forma egoísta en una aventura que para ti, en ese caso no habría entrañado peligro alguno, porque sé que estás acostumbrado a serle infiel. Y no te juzgo, porque siendo tu amiga sé todos tus secretos y también sé que no duerme acompañado y vacío quien ama su mujer.

Entiende mi bien, que el mundo es implacable y nos perseguirían las culpas por doquier, tendría yo por ti que aguantar preguntas indiscretas, calumnias, desprecios y el ultraje de mi moralidad, cuando lo que tú sueñas es tenerme sentada en un trono, en un trono de diva o de deidad.

Por eso para purgar todo el mal que te he hecho con nuestro constante compartir, he decidido condenarme al destierro. Me voy y estoy tan trastornada que no se adónde, ni yo misma lo sé, te pido que sigas siendo bueno, el gran caballero que siempre yo soñé. Que conserves el recuerdo de quien fue tu perdición lejana.

Que le enseñes mi nombre a tus nietos, que cuando yo tenga los míos le hablaré de ti, les diré que tú eres el tesoro que encontré y no ví. Te recordaré siempre, porque no creo que dos personas pudieran haber sido más felices, de lo que nosotros soñamos serlo.

Tal vez algún día, cuando vuelva y ya haya pasado mucho tiempo, podamos volver a encontrarnos y a recordar serenamente nuestro viejo amor que nunca se hizo verbo, aunque nació entre la prosa y el verso, entre la noche y el día, entre tu soledad y la mía...

Contigo y sin ti...

autor: Karyanna
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